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miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Crees en Jesucristo, le crees realmente a ÉL?

El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» -Juan 14,21

Inicio este artículo proclamando este versículo porque cada vez son más las personas que nos piden creer en Jesús, que lo aceptemos como Señor y Salvador de nuestras vidas, pero al mismo tiempo piden que reneguemos de nuestra fe en Él, que despreciemos su Santa Alianza y que abandonemos nuestras creencias en Dios para adoptar unas diferentes, más acordes con el razonamiento de tal o cual persona,  sin la debida Tradición Apostólica, en resumen, que dejes de creer en el Cristo en el que creían los Apóstoles  para creer en un Cristo que se ajuste a sus creencias distorsionadas y manipuladas para desmentir todo el mensaje de Salvación de Nuestro Señor Jesucristo, o en otras palabras en un cristianismo menos católico, sin María, sin Eucaristía y sin Cruz.
Es así de sencillo, o le creemos a Dios y a su Santa Iglesia, o nos separamos de Él, hacemos nuestras propias sectas  y tratamos de que otros nos sigan para no sentirnos que estamos equivocados,  justificando nuestra falta de fidelidad basándonos en los errores y faltas de las personas que Dios ha puesto al frente de su Iglesia. Nos olvidamos que la Iglesia que Cristo fundó somos todos nosotros los creyentes en Él y no está compuesta por seres humanos perfectos sino por pecadores y personas que luchan por alcanzar la santidad, y fue Él mismo quien escogió a esas personas para iniciar su Iglesia, como por ejemplo en el caso de Pedro:

«Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Mt. 16,16-20

Pedro pecó contra el mismo Jesús y le dio la espalda, lo negó, sin embargo con un gesto de misericordia, le dio la misión de guiar al pueblo de Dios en este nuevo caminar llamado cristianismo. Todos estamos llamados a esa misión evangelizadora en unidad, en una sola fe, un solo espíritu y una sola Iglesia. Así lo comprendieron los primeros cristianos, los primeros santos y mártires de la Iglesia Católica.

En nuestro país (Panamá) cada día vemos más de estas sectas crecer y multiplicarse por doquier, la mayoría surgió con más fuerza al separarse de movimientos católicos, al igual que algunos de sus fundadores. Lo peculiar de estas sectas es que se enfocan en alejar a las personas de su fe católica y buscar nuevos fieles para llenar locales comerciales y casas a los que llaman “Iglesias”, a veces una en cada esquina y de una denominación diferente. Lo único que tienen en común estas sectas, es su ataque a la Iglesia Católica, a la Virgen María madre de Nuestro Señor Jesucristo y a todos los Santos que han dado su vida por defender la fe católica, la fe en Cristo.

A continuación vamos a analizar  la siguiente imagen en donde  una de estas personas resume lo que debe ser la fe en Cristo, por supuesto, desde su punto de vista personal e individual, desprovistas de cualquier autoridad Apostólica y utilizando la Palabra de Dios de manera muy particular.

 

Para el completo análisis de este texto iniciaremos con la primera afirmación en donde se menciona que todo el mundo cree en Dios, pero realmente no todo el mundo cree en Dios, hay quienes lo niegan, quienes lo adversan y quienes lo interpretan de muchas maneras diferentes, incluso hoy en día ya no se quiere ni hablar de Dios, la materia de religión ha sido prácticamente eliminada de los programas educativos y las personas que suelen hablar de Dios por lo general son criticadas y rechazadas por profesar su fe. Pero lo peor que podemos encontrar son aquellas personas que creyendo o no en Dios, buscan su propio beneficio utilizando la Palabra de Dios como instrumento para sacar jugosas ganancias, negocios millonarios y múltiples beneficios con la excusa infantil de que Dios los está prosperando, y predican un evangelio de éxito y abundancia, todo lo contrario a lo que Cristo nos enseñó.

Luego, continúa el escrito en cuestión, dice que las personas no quieren reconocer ni abandonar su vida de pecado, lo cual puede ser cierto ya que todos somos pecadores y tenemos nuestras debilidades,  sin embargo Dios nos concedió el libre albedrío, el derecho a escoger el bien o el mal,  y la libertad para salvarnos o condenarnos, de acuerdo a nuestros actos y nuestra fidelidad. Si bien estamos llamados a anunciar el Evangelio, debemos hacerlo con misericordia y reconociendo en cada ser humano un ser digno, con sus defectos y virtudes, y con la posibilidad de ser salvo si Dios lo quiere así, aunque para nuestros ojos sea un pecador incorregible, nosotros no somos quien para condenar a nadie, solo somos siervos portadores de la buena noticia de la salvación que Cristo nos vino a ofrecer a todos, si la aceptamos.

Más adelante, sigue el escrito, nos habla de que hemos tomado un camino equivocado, refiriéndose  a todas las personas que no aceptan como verdad lo que él dice. Nosotros los católicos sabemos cual es el camino correcto, es Jesús el hijo de Dios, hijo de María, quien por medio de su misión salvífica y su mensaje,  nos ha señalado y enseñado el camino. Es por medio de sus discípulos que nos llega su mensaje y a lo largo de la historia se nos ha transmitido a través de la Sagrada Tradición y la ininterrumpida sucesión Apostólica. Otro camino que surge siglos después y que no tiene estos requisitos mínimos, no parece ser "el camino".

Luego se presentan los pasos que  propone seguir para ser salvo según esta persona y son los siguientes: Reconocer el pecado, arrepentirse, pedir perdón a Dios Padre, aceptar el perdón de Dios, recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestra vida, por último, ayudar a otros a conocer la palabra.

Es muy interesante que en estos pasos se resuma de manera muy, pero muy corta, en lo que consiste la Sagrada Eucaristía que celebramos todos los días y de manera especial los domingos  todos los católicos del mundo, haciendo lo que Cristo nos mandó a hacer en conmemoración suya para nuestra salvación. 

Para entender esta nueva Alianza entre Dios y el hombre debemos profundizar un poco más sobre cómo se da a plenitud  la Palabra de Dios en Cristo nuestro Señor y Salvador.

Profundizando un poco en como Cristo instituyó la Alianza Nueva y Eterna para el perdón de los pecados, debemos ir a las raíces de la tradición apostólica y recordar que Jesús era Judío y siempre fue obediente a sus tradiciones, a sus sacerdotes, a la Ley y a la Antigua Alianza que, a resumidas cuentas, consistía en un ritual de sacrificio de un cordero por medio del cual se derramaba su sangre sobre el arca de la Alianza  para el perdón de los pecados del pueblo de Dios. Esto lo hacía un sacerdote judío que debía estar debidamente purificado para poder entrar al lugar sagrado para realizar este sacrificio. Cabe resaltar que las personas no podían presenciar dicho sacrificio sino que se hacía detrás de un manto que simbolizaba la separación de Dios con los hombres por su pecado original. De esa forma y sin entrar en tecnicismos, los judíos mantenían sus tradiciones judías que le aseguraban permanecer en reconciliación con Dios.

La Novedad que trae Cristo es que Él mismo se hace cordero y es su propio sacrificio el que perdona los pecados del mundo entero, ya no solo del pueblo judío sino que ahora nos muestra su rostro, con su muerte se rasga el manto que separa al hombre de Dios y nos acerca al Padre de manera muy especial. Ahora bien todo esto suena muy sencillo, pero no lo es tanto. Veamos con detenimiento qué nos dice y a qué nos reta Jesús con la institución de esta Alianza Nueva y Eterna.

1.      En el primer paso (Reconocerse pecador) Jesús es muy claro al explicarnos que todos somos pecadores, razón por la cual todos debemos reconocerlo, y el no hacerlo es un acto de soberbia que mantiene nuestro corazón cerrado a la gracia que Dios quiere derramar por medio de todos sus sacramentos.

          En Juan 1,8 se afirma que "quien dijera que no tiene pecado es un mentiroso y la verdad no está en él".

Por eso dentro de los ritos iniciales de la Misa lo primero que hacemos los cristianos católicos es el acto penitencial en el cual reconocemos nuestros pecados y que somos pecadores ante Dios y ante nuestros hermanos, algo así como una confesión pública de los pecados. De manera que esa primera afirmación los católicos la cumplimos a cabalidad.
 
2.      El segundo y tercer paso en los que se habla del arrepentimiento y el pedir perdón, en la imagen parece ser que esto se debe dar de forma privada, a solas con Dios pero también Jesús nos hablo claro al respecto:
                
            En Juan 20,23 ‘A quienes perdonen sus pecados, serán perdonados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos’.
     
      Por eso es importante pues confesar con la boca los pecados a alguien que nos los pueda perdonar con la autoridad que Dios le dio, y también debe haber una penitencia que exprese el arrepentimiento y la intención de no volver a pecar. Sin embargo, Jesús fue más allá y conociendo nuestras debilidades nos enseñó por medio del ritual del lavatorio de los pies, que siempre debemos limpiar nuestras culpas y que Dios siempre nos perdona en su infinita misericordia. Muchas personas interpretan esta cualidad  misericordiosa de Dios a su conveniencia, pecando intencionalmente para luego ir y confesarse sin un verdadero arrepentimiento de corazón, pero no se engaña a Dios de esa forma, solo se engañan a sí mismos porque Dios ve los corazones y lo que hay en ellos. El sacramento de la reconciliación (Confesión) es de suma importancia para poder recibir el Sacramento de la Comunión con Dios (Eucaristía) del cual hablaremos más adelante.

 
3.      En el cuarto paso esta persona nos indica que debemos aceptar algo que Dios nos da gratuitamente, su perdón. La verdad es que más que aceptar el perdón,  debemos pedirlo incesantemente todos los días y agradecer a Dios su infinita misericordia, claro está, si hemos creído en Él y si estamos dispuestos a hacer todo lo que nos ha mandado.


4.      En la quinta afirmación se nos invita a recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, como una especie de declaración en la que lo recibimos espiritualmente, de manera que ellos explican que Jesús hablaba en modo figurado, y no solo eso, sino que según algunos  de ellos lo que quiso decir Jesús era que se bebe la sangre de Cristo creyéndole y que se come su carne siguiéndole,  sin embargo, que nos dijo Jesús realmente al respecto, a Jesús lo recibimos como comunidad y como Iglesia, no se recibe a Cristo de manera Individual, Él se nos da a todos por igual, a todos los que creemos en Él y en su mensaje salvífico por medio de una nueva Alianza y por medio de este mensaje:

                     Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre Viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (Juan 6:53-57)

Los primeros que abandonaron la fe se basaron en la incredulidad a estas mismas  palabras, muy fuertes por cierto, muchos de los que lo escucharon ese día se escandalizaron y abandonaron la fe en Jesús, creían que estaba loco y que se refería a algo así como canibalismo, del mismo modo pasa hoy con muchas personas que no ven en la Eucaristía y en el pan consagrado el cuerpo de Cristo. No entienden que Jesús nos dio esa orden y los primeros cristianos, los primeros Apóstoles y todos los discípulos de ellos entendían claramente el sentido de la obra salvífica de Cristo. Reconocer a Cristo presente en la Sagrada Eucaristía y en todos los Sagrarios del mundo es un acto de fe que solo los que creemos en las palabras de Jesús podemos entender, de lo contrario parecería una necedad.
 
               
          Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: esta es mi sangre, la sangre de la Nueva Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados.
(
Mateo 26:26-28)
           
            Jesús se entrega como “verdadero Cordero Pascual”

Adicionalmente pero no menos importante es declarar con la boca que Cristo es nuestro Señor y Salvador y para hacerlo los católicos de todo el mundo declaramos en cada Misa el Credo, una oración un poco larga pero con la cual resumimos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en su Iglesia y en toda las enseñanzas que nos dejó. Además, rezamos en comunidad la oración que el mismo Cristo nos enseñó, "El Padre Nuestro".
 

5.      Por último nos dice la imagen en cuestión que debemos ayudar a otros a conocer la palabra, sin embargo, a qué palabra exactamente se refieren, porque estas personas desobedientes a la fe original, la de los primeros cristianos se sienten tan dueños de la palabra. Por la sencilla razón que fueron los primeros en distribuirla libremente y permitiendo que cada persona leyera e interpretara los evangelios a su antojo. Ese es el mayor mérito de la Reforma Protestante, publicar la palabra de Dios, la cual hasta ese momento había sido celosamente resguardada y proclamada por todo el mundo por la Iglesia Católica, manteniendo la Doctrina original casi intacta. Pero con la reforma protestante y la distribución de la Palabra de Dios para la libre interpretación, se abrió paso a un sinnúmero de interpretaciones que dan como consecuencia que hoy existan igual número de sectas, algunas más alejadas que otras de la verdad, y con una sola cosa en común, su ataque a la única Iglesia que Cristo fundó, la católica.

 

Ahora podemos ver que lo que nos sugiere el escrito de la persona ya existe, no es nada nuevo, y consiste realmente y de manera más completa en la Eucaristía o Misa Católica, la cual es proclamada todos los días en todo el mundo de manera uniforme y con una sola interpretación apostólica y a la cual se le dio la autoridad para atar y desatar.

Como podemos darnos cuenta el camino a la conversión expuesto por la persona en cuestión es una copia muy resumida de la Misa, pero, la Santa Misa es mucho más completa, ordenada y conforme a la voluntad de Dios. Sería cómodo y fácil hacer de este Ritual Sagrado que proviene de los primeros cristianos, un espectáculo, con música elaborada, con gritos y experiencias sobrenaturales, pero la belleza de la Misa está en su sencillez, en la humildad con que se realiza y en la conciencia de que lo que se está haciendo es algo Sagrado, instituido por Cristo para la salvación de las almas. En resumen es la mayor expresión de la misericordia y el amor de Dios en la tierra, celebrada por el pueblo de Dios, todos los días.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal, colectiva y  los sacramentos son los medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocer a Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla y preparémonos para su encuentro viviendo una vida conforme a su voluntad, y pidiendo perdón por nuestros pecados de manera frecuente por medio de la Confesión.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando uno está enamorado se le nota.

Debemos tratar de imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros. No se trata de tener éxito, abundancia y milagros, se trata más bien de servir, amar y obedecer como Cristo lo hizo hasta la cruz y hasta dar su vida por nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida y eso es lo que significa ser católico, anunciar el Evangelio en nuestras circunstancias particulares, como laicos, como pareja, como familia, y aún más si estamos llamados a la vida consagrada, como es el caso de los sacerdotes y las monjas. Ser católico no es un título, más bien es un compromiso de fidelidad y obediencia a Dios y a su Iglesia.


El mensaje de esta persona termina con una decisión, y es cierto, podemos elegir seguir a Cristo o rechazarlo, nosotros decidimos seguirlo.
A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

Celebremos a Cristo Rey del Universo creyendo en Él y en la plenitud de su mensaje, y que se  nos ha transmitido de manera ininterrumpida por su única Iglesia que prevalecerá hasta el fin del mundo.

Jesús responde a Pilatos cuando le pregunta si en verdad Él es el Rey de los judíos: "Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí" (Jn 18, 36).

Cristo Rey anuncia la Verdad y esa Verdad es la luz que ilumina el camino amoroso que Él ha trazado, con su Vía Crucis, hacia el Reino de Dios. "Si, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz."(Jn 18, 37) Jesús nos revela su misión reconciliadora, Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino, cuando cual cordero se sacrifica amorosamente en la cruz.

¡Que Viva Cristo Rey!
 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Mes de la Biblia…un mes para profundizar nuestra Fe

En este mes queremos hacer un llamado a la reflexión y a la profundización de nuestra fe Cristiana-Católica-Apostólica, por la sencilla razón de que cada vez son más las personas que dicen creer, pero que no actúan coherentemente con lo que creen, o bien dicen creer porque les hacen cantos bonitos, o van a un retiro, o se congregan en locales comerciales a los que llaman “Iglesias”, pero sus cimientos espirituales  no están enraizados en la fe que hemos heredado de nuestro Señor Jesucristo.  Desconocen a Cristo, sus enseñanzas y su Sagrada Tradición, la cual nos ha sido transmitida sin interrupción por casi 2,000 años, y dentro de su legado se incluyen las Sagradas Escrituras mejor conocidas como “La Biblia”.

En primer lugar debemos remontarnos al origen de las cosas para entenderlas, y lo primero que tenemos que entender es que ni Jesús, ni los apóstoles, ni incluso los primeros cristianos, tenían una Biblia como la conocemos hoy, y de allí podemos entender que muchas de las cosas que se mencionan en la Biblia tienen un contexto histórico muy diferente al de nuestros días, y deben ser leídas e interpretadas preferiblemente por personas preparadas y capaces para evitar caer en los errores en que han caído muchos buenos cristianos a lo largo de la historia.
 

Debemos preguntarnos entonces que libros Sagrados utilizaba Jesús y sus discípulos para predicar su Evangelio. La respuesta a esta pregunta es muy compleja pero a modo de ilustración les podemos mencionar que el pueblo judío tenía sus libros Sagrados principales llamados “La Torah”, los primeros cinco libros de la Biblia, a los cuales nosotros conocemos como Pentateuco. Pero además tenían la recopilación completa de libros que se llama “Tanaj” o también conocidas en sus traducciones arameas como Tárgum,  a lo que nosotros conocemos como Antiguo Testamento. De tal manera que la Tanaj viene a ser la Biblia que utilizaba Jesús. Sin embargo, los judíos también se regían por su Sagrada Tradición la cual en esos tiempos se transmitía principalmente de forma oral y era llamada “Talmud”, de manera tal que toda esa tradición de la Antigua Alianza, era la que practicaban Jesús y sus discípulos. Ahora bien, hay un detalle adicional que debemos rescatar en nuestra investigación,  y es que seguramente Jesús y sus discípulos utilizaron adicionalmente la Septuaginta  (Biblia Griega), comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta y generalmente abreviada simplemente LXX, que fue traducida de los textos hebreos y arameos más antiguos alrededor del año 150 a.c y que recoge los libros más cercanos al nacimiento de Jesús. Y sabemos que este documento era utilizado por Jesús y sus Apóstoles porque en los escritos del Nuevo Testamento prácticamente todas las citas que se hacen de las Antiguas Escrituras pertenecen exclusivamente a este documento (De 350 citas, 300 son de la Septuaginta)

Ya identificados los Libros Sagrados que utilizaban los primeros cristianos, ahora debemos enfocarnos en lo nuevo, la Buena Nueva y como fue plasmada en los Libros que hoy día conocemos, quizás nos sorprenda la historia.

Primeramente hay que aclarar que aunque los primeros cristianos eran en su mayoría judíos y se caracterizaban por tener unas creencias bastante diferentes y novedosas, las cuales eran motivo de persecución y muerte. Este grupo de cristianos a partir de la Misión Salvífica de Cristo fue formando la Iglesia Cristiana que hoy conocemos. Es decir, la Iglesia Católica existía antes de la conformación de la Biblia como la conocemos hoy. Esto es muy importante entenderlo. Las primeras comunidades creían y vivían la presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía, veían la Misa como el sacrificio Nuevo y Eterno para el perdón de los pecados, respetaban los sacramentos y seguían las instrucciones de los Apóstoles, además leían y se instruían con sus Libros Sagrados Tanaj, Tárgum y la Septuaginta, como bien lo decía San Pablo en Cor. 2, 3:16 “Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir  y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien”. Por estas razones se le ha denominado a esta fe primitiva la Tradición Apostólica. Entonces tenemos que en los primeros siglos de cristiandad los conflictos doctrinales se resolvían por medio del conocimiento y autoridad de la Tradición Apostólica.

Después de la destrucción del Templo Judío en el año 70 d.c, muchos judíos y no judíos se convertían al cristianismo y  la Iglesia Cristiana iba creciendo con los años a pesar de la persecución. Para el año 90 d.c, los judíos se reunieron en un Concilio en la ciudad de Jamnia, el centro intelectual y religioso del judaísmo rabínico (fariseos), para enfrentar el avance de los cristianos, en ese mismo Concilio que cabe aclarar era un Concilio netamente judío y porque no decirlo anticristiano, se estableció la desafortunada jaculatoria Birkat haMinim, la cual maldecía a los cristianos y sectarios. Esta plegaria debía decirse durante todos los sabats, y obligó a los cristianos de origen judío a separarse de los demás judíos en las sinagogas. Antes de esto, aquellos judíos que aceptaban a Jesucristo todavía se sentían cómodos yendo a la sinagoga, donde ellos intentaban convertir a otros hablándoles de Él, como el largamente esperado Mesías.

Otra de sus estrategias para limitar el avance de la fe cristiana fue eliminar de la Biblia los libros adicionales que tenía la Biblia de los Setenta (Septuaginta) y reconocer como válidos solo los libros de la Tanaj (Escritos antes del año 300 a.c), ya que los textos adicionales de la Septuaginta hablan muy claramente de cosas como el cielo y el infierno. Éstos contienen profecías que innegablemente refieren a Jesucristo, como en Sabiduría 2, 12-22donde dice que el Justo debía sufrir una muerte afrentosa. En resumen, los libros deuterocanónicos sonaban mucho a cristianismo y eso obviamente no era conveniente para el judaísmo. Otros ejemplos los tenemos en los Libros de Macabeos y Tobías, donde se habla de las doctrinas de la oración por los difuntos, la intercesión de los santos que ya han muerto y la intercesión mediadora de los Ángeles, celebración de fiestas sagradas, limosna y caridad,  entre otras.


Ahora bien, la primera reunión oficial de las autoridades cristianas, es decir, de Tradición Apostólica, fue el El Concilio de Jerusalén, la primera reunión normativa del cristianismo (la iglesia cristiana primitiva) hacia el año 50, según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Realmente no fue un Concilio como tal pero nos da una idea de la línea que seguiría el cristianismo ya fuera de las tradiciones judías y que marcó definitivamente la desvinculación del cristianismo del judaísmo confirmando para siempre el ingreso de los gentiles (no-judíos) en la cristiandad. Sin embargo no se trata todavía de establecer un Canon de Escrituras completo, ya que obviamente no existen.

El canon de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por la Iglesia católica, bajo el pontificado de san Dámaso I, en el Concilio de Roma del año 382, y esta versión es la que San Jerónimo tradujo al latín (Vulgata). Dicho canon consta de 73 libros: 46 constitutivos del llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos (Tobit, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc) y 27 del Nuevo Testamento. Fue confirmado en el Concilio de Hipona en el año 393, y ratificado en los Concilios III de Cartago, en el año 397, y IV de Cartago, en el año 419.

Este Canon fue el utilizado por todos los cristianos hasta que reformadores protestantes liderados por Martin Lutero lo impugnaron en 1521 aduciendo que preferían el Canon de Jamnia de los Judíos, pero si aceptaban el Nuevo Testamento completo decretado por la Iglesia Católica. La primera traducción al español de la Biblia de los protestantes en sus dos primeras ediciones, la de Casiodoro de Reina (1569), llamada la Biblia del Oso, y la de Cipriano de Valera (1602), llamada la Biblia del Cántaro, contenían todos los libros incluidos en la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, que es el texto oficial de la Biblia para la iglesia católica romana. Es decir, que incluía los libros deuterocanónicos católicos. Lo cual corrigieron en una versión posterior dejando dichos libros como un apéndice denominado de “lectura edificante”

Sin embargo ya desde el año 1442, 72 años antes de la reforma protestante en el Concilio de Florencia la Iglesia se planteaba reafirmar el canon católico, entonces el canon católico fue nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.

Esperamos que todos estos detalles históricos de la conformación de la Biblia que hoy conocemos nos ayude a profundizar en la verdad que los hechos nos presentan y la importancia de no eliminar libros de la Biblia por interpretaciones personales y respetar el canon original, los cuales vienen a ser los seleccionados por la Iglesia Católica bajo el pontificado de Dámaso I.


Estamos celebrando el mes de la Biblia y no es casualidad que este 30 de Septiembre celebremos también la fiesta de San Jerónimo, autor de la primera traducción al latín de la Biblia completa (Vulgata). Debemos sentirnos muy contentos y afortunados de tener toda la Sagrada Escritura para reflexionar y comprender la historia de la Salvación del Hombre. En ella hay muchos personajes santos y pecadores, y todos han jugado un papel importante en esa historia. Pero no olvidemos que como dice San Juan en 21:25 “Otras muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una a una, me parece que en el mundo entero no cabrían los libros que podrían escribirse”

Esperamos que esta celebración nos ayude a entender que las Sagradas Escrituras son el legado de los primeros cristianos para ayudar a orientar nuestras vidas conforme a la voluntad de Dios en nuestras vidas, para hacerla vida en nuestras vidas y en la de nuestros hermanos.

 

"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Papa Emérito Benedicto XVI


"Deja que Jesús escriba tu historia. Déjate sorprender por Jesús." Papa Francisco

 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. Amén