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viernes, 21 de julio de 2017

De la Fe a la Tradición

El ser humano desde sus inicios ha traspasado de generación en generación sus conocimientos, creencias, costumbres y cultura por medio de las tradiciones, y el ámbito religioso no escapa de esta realidad en todas las regiones donde el hombre vive y comparte alguna creencia o doctrina. En el caso de los cristianos la historia de sus Tradiciones proviene de las costumbres judías, sin embargo, con los primeros discípulos se da un giro enorme hacia unas Tradiciones distintas que podemos dilucidar en el libro de los Hechos de los Apóstoles, pero antes veamos algunos detalles en el Evangelio sobre este tema.

Jesús nos dice en Juan 13:34 “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros”

Pablo en su Carta a los Corintios 5:17 nos dice “Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.

De manera que Jesús no vino a cambiar la ley pero si vino a darle plenitud, a darle cumplimiento y a hacer las cosas nuevas.



Uno de los primeros cambios importantes es el día de culto, los judíos tienen una Alianza con Dios y lo celebran el séptimo día en memoria de su rescate de Egipto, sin embargo, este precepto era exclusivo para los Judíos, y los gentiles no estaban ni están obligados a cumplirlo, ni antes ni ahora. Ahora bien con el Santo Sacrificio de Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (ya no solo de los judíos) del mundo entero, es decir Universal (Católico), Jesús establece la Alianza Nueva y Eterna que es la nueva Alianza con todos los cristianos. Aunque Jesús fue un judío fiel y estaba bajo la ley, su Alianza no era para los que se regían por esa ley, la Nueva Y Eterna Alianza era para todos los que creyeran en Él y en su Nueva Alianza.

Dicha Nueva Alianza fue predicha en Jeremías 31:31-33. "31.Ya llega el día -dice Yavé, en que yo pactaré con el pueblo de Israel (y con el de Judá) una nueva alianza. 32.No será como esa alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano, sacándolos de Egipto. Pues ellos quebraron la alianza, siendo que yo era su Señor. 33.Esta es la alianza que yo pactaré con Israel en los días que están por llegar, dice Yavé: pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo." 

Ahora bien, en el marco de esta Nueva Alianza que se pacta en el sacrificio, la muerte y la resurrección de Jesús, entonces ¿cuál fecha será la más importante para celebrar con alegría y devoción?, ¿la muerte o la resurrección?. A simple vista se puede deducir que la resurrección, pero, no es tan simple como parece. Resulta que ambas fechas son importantes pero los cristianos recordamos el viernes con tristeza y penitencia, y el domingo con alegría y devoción.



El día elegido por los discípulos para reunirse y rendir culto entonces fue el primer día de la semana (domingo) como podemos ver desde su primer encuentro con los discípulos en Juan 20:18-23

"18.María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto.» 19.Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» 20.Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. 21.Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también.» 22.Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: 23.a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.»" 

Y se reafirma en el mismo texto más adelante en Juan 20:26 "

26.Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.”

Algo así como una Catequesis viviente era lo que estaban recibiendo de Jesús Resucitado cada vez que se reunían.

En Pentecostés también se reafirma esta nueva celebración como nos confirma Hechos de los Apóstoles 2:1-3

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"1.Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 2.De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, 3.y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos." 

En el mismo libro, más adelante se confirman esas primeras tradiciones de los cristianos en Hechos de los Apóstoles 2:41-42

"41.Los que acogieron la palabra de Pedro se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas. 42. Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones." 
Nótese que hacían los Apóstoles en ese primer siglo: 

1- Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles que eran los primeros días de la semana principalmente, como Jesús les enseñó.

2- Convivían la celebración en paz y armonía.

3- Compartían la fracción del pan, la Eucaristía, es decir, el memorial de la Última Cena donde Jesús mismo estableció su propio culto y su Alianza Nueva y Eterna.

4- Y oraban, como Jesús mismo les enseño, el Padre Nuestro, y más adelante fueron incorporando nuevas oraciones como el Credo de los Apóstoles que los caracterizaba y definía como cristianos. Y siempre en compañía de la Virgen María que siempre estaba para recordar su primera enseñanza respecto a su Hijo: “Hagan lo que Él les diga”.


Por último con respecto a este punto del día del Señor, podemos reconfirmarlo en la Carta a los Corintios 16:1-2,

"1.En cuanto a la colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las Iglesias de Galacia. 2. Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo." 

Y también en la Carta a los Colosenses 2:12-17

"12.Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos. 13.Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos. 14. Canceló la nota de cargo que había contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y la suprimió clavándola en la cruz. 15. Y, una vez despojados los Principados y las Postestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal. 16. Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados. 17. Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo." 



Todos esos preceptos de la Antigua Alianza, llámese circuncisión, el día sábado, la celebración de las fiestas, ya no están sujetos a la ley, en especial la fiesta del Señor que ahora se celebra el primer día de la semana, es decir la Eucaristía o partición del pan, la partición del Cuerpo de Cristo como alimento para los cristianos y toda la Iglesia Universal, todo cambia para dar plenitud a la ley por medio del sacrificio de amor infinito de Nuestro Señor. Quien podría pensar que esos primeros cristianos iban a llevar el Evangelio hasta los confines de la Tierra como Jesús les ordenó. Y aun más quien podría pensar que 2,000 años después sigamos esparciendo su mensaje, su Nueva Alianza, su Cuerpo y su Sangre hasta los confines de la Tierra.

El segundo cambio en las tradiciones cristianas está directamente relacionado con el primero, y es la forma en que se celebraba el Culto a Dios. En este punto hay varios factores que nos muestran que la misión Salvífica de Jesús establece una Nueva Alianza y Eterna.

En primer lugar tenemos el Rasgamiento del Velo del Santuario que se describe en Mateo 27:51-52



"51. En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. 52. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron." 

Recordemos que en Santuario existían dos Velos, uno al que accedían frecuentemente los sacerdotes judíos para orar y prepara el incienso, y otro que era reservado solo para el Sumo Sacerdote y solo podía acceder una vez al año en el Día de la Expiación. Este velo tenía 20 metros de altura y 10 centímetros de espesor, de manera que para poder enrollarlo se necesitaba de muchas personas. Para su confección los judíos se basaron en el siguiente texto de Éxodo:



“Harás un velo de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y lino fino torzal; bordarás en él unos querubines. Lo colgarás de cuatro postes de acacia, revestidos de oro, provistos de ganchos de oro y de sus cuatro basas de plata. Colgarás el velo debajo de los broches; y allá, detrás del velo, llevarás el arca del Testimonio, y el velo os servirá para separar el Santo del Santo de los Santos” (Ex 26 31.33).
Detrás de este Velo lo que había era el Arca de la Alianza conteniendo el bastón de Moisés y los rollos de la Torah (La Palabra de Dios)

De manera que al rasgarse el Velo, no se simboliza el fin de la Antigua Alianza, sino el inicio de una Nueva y Eterna. Dios nos muestra su rostro, se hace uno con nosotros y sella por medio del sacrificio del verdadero Cordero y ahora Sumo Sacerdote de los Cristianos, la Nueva Alianza que nos acerca más al Señor de una manera que nadie sospechaba que podía ser, haciéndose uno con nosotros por medio de su carne y de su sangre.

Como se puede notar en el texto, esta Nueva Alianza conlleva la resurrección de muchos santos difuntos que siempre creyeron en la venida del Mesías.

Ahora bien, pasaron los siglos y estas tradiciones siguieron transmitiéndose de generación en generación, sin embargo, como podemos darnos cuenta, los libros utilizados por estos primeros discípulos fueron los de la Septuaginta o Biblia de los Setenta, más no existía un Nuevo Testamento, sino que se fue conformando a medida que se iban escribiendo los primeros Evangelios y Cartas que para el año 382, bajo el Pontificado de Dámaso I en el Concilio de Roma, conformaron lo que hoy conocemos como la Biblia, compuesta por el Viejo Testamento y sus 46 libros y el Nuevo Testamento con sus 27 libros. La Biblia entonces paso a ser la Tradición Literaria de la Iglesia.



En resumen, tenemos Tradiciones en los días de fiesta, principalmente en el día del Señor (los domingos), en la forma en que se celebraba el culto, ya no con un sacrificio de animal, sino con la conmemoración del único sacrificio de Cristo donde se instituye como Nuestro Único y Sumo Sacerdote, y por último en la Palabra de Dios que la Iglesia reunida en la Unidad de una sola Fe, un solo Cuerpo y un solo Espíritu conforma y aprueba los libros que van a ser aceptados como Revelación de Dios. 

Desde el Concilio del año 382 se ha mantenido intacta la escritura, salvo algunas excepciones de grupos protestantes que desde el siglo XV y XVI empezaron a alterar y producir nuevas Biblias incompletas, alteradas y mal traducidas, pero de eso pueden leer más en otro artículo de este Blog dedicado al mes de la Biblia.

Todo esto de las Tradiciones y la Fe nos lleva a reflexionar sobre cómo vivimos en la actualidad nuestra fe y nuestras tradiciones.

Los cristianos al ir llegando a nuevas culturas y civilizaciones deben ir adaptando y asimilando dichas culturas para su debida cristianización, de manera que las personas sin dejar de ser quien son puedan incorporar el mensaje evangélico a sus vidas y a sus propias costumbres. En ese adaptarse y cristianizarse, muchos pueblos paganizaban las celebraciones, añadiendo cosas que no tenían nada que ver con lo que se celebraba, y al perder de vista el porqué de dicha tradición, se iba perdiendo el respeto y la devoción por lo que realmente se estaba celebrando.

Hoy día nos puede estar pasando exactamente igual, celebramos muchas fiestas, pero olvidamos celebrarlas como es debido. Nos enfocamos en lo exterior, cuando lo más importante es el interior y si estamos siendo fieles a nuestra misión personal como cristianos, que es la de llevar la Buena Nueva a todos nuestros hermanos, esparcir la buena semilla por medio de nuestro testimonio, de nuestra vida y de nuestra fe. No olvidemos que nosotros no somos la razón de la fiesta, la razón de la fiesta es siempre Cristo y en Cristo también celebramos a su Santísima Madre, a todos los Santos Mártires y Santos Seguidores de Jesús que con sus vidas nos enseñan cómo debe ser nuestro propio testimonio de fe también.

Celebremos nuestras tradiciones, con fe, devoción, alegría y amor. Pero estemos atentos de no perder el enfoque, no vaya a ser que terminemos celebrando otra fiesta distinta a la que Dios quiere celebrar con nosotros. 

Queda muchísimo por decir en este fascinante tema, pero por ahora lo dejamos hasta aquí.


Hace aproximadamente 3 años que no escribía en este blog pero por alguna razón deseo retomar este proyecto de compartir la fe con todos aquellas de buena voluntad que quieran compartir y reflexionar conmigo este y muchos otros temas.
Bendiciones en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

domingo, 29 de septiembre de 2013

Mes de la Biblia…un mes para profundizar nuestra Fe

En este mes queremos hacer un llamado a la reflexión y a la profundización de nuestra fe Cristiana-Católica-Apostólica, por la sencilla razón de que cada vez son más las personas que dicen creer, pero que no actúan coherentemente con lo que creen, o bien dicen creer porque les hacen cantos bonitos, o van a un retiro, o se congregan en locales comerciales a los que llaman “Iglesias”, pero sus cimientos espirituales  no están enraizados en la fe que hemos heredado de nuestro Señor Jesucristo.  Desconocen a Cristo, sus enseñanzas y su Sagrada Tradición, la cual nos ha sido transmitida sin interrupción por casi 2,000 años, y dentro de su legado se incluyen las Sagradas Escrituras mejor conocidas como “La Biblia”.

En primer lugar debemos remontarnos al origen de las cosas para entenderlas, y lo primero que tenemos que entender es que ni Jesús, ni los apóstoles, ni incluso los primeros cristianos, tenían una Biblia como la conocemos hoy, y de allí podemos entender que muchas de las cosas que se mencionan en la Biblia tienen un contexto histórico muy diferente al de nuestros días, y deben ser leídas e interpretadas preferiblemente por personas preparadas y capaces para evitar caer en los errores en que han caído muchos buenos cristianos a lo largo de la historia.
 

Debemos preguntarnos entonces que libros Sagrados utilizaba Jesús y sus discípulos para predicar su Evangelio. La respuesta a esta pregunta es muy compleja pero a modo de ilustración les podemos mencionar que el pueblo judío tenía sus libros Sagrados principales llamados “La Torah”, los primeros cinco libros de la Biblia, a los cuales nosotros conocemos como Pentateuco. Pero además tenían la recopilación completa de libros que se llama “Tanaj” o también conocidas en sus traducciones arameas como Tárgum,  a lo que nosotros conocemos como Antiguo Testamento. De tal manera que la Tanaj viene a ser la Biblia que utilizaba Jesús. Sin embargo, los judíos también se regían por su Sagrada Tradición la cual en esos tiempos se transmitía principalmente de forma oral y era llamada “Talmud”, de manera tal que toda esa tradición de la Antigua Alianza, era la que practicaban Jesús y sus discípulos. Ahora bien, hay un detalle adicional que debemos rescatar en nuestra investigación,  y es que seguramente Jesús y sus discípulos utilizaron adicionalmente la Septuaginta  (Biblia Griega), comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta y generalmente abreviada simplemente LXX, que fue traducida de los textos hebreos y arameos más antiguos alrededor del año 150 a.c y que recoge los libros más cercanos al nacimiento de Jesús. Y sabemos que este documento era utilizado por Jesús y sus Apóstoles porque en los escritos del Nuevo Testamento prácticamente todas las citas que se hacen de las Antiguas Escrituras pertenecen exclusivamente a este documento (De 350 citas, 300 son de la Septuaginta)

Ya identificados los Libros Sagrados que utilizaban los primeros cristianos, ahora debemos enfocarnos en lo nuevo, la Buena Nueva y como fue plasmada en los Libros que hoy día conocemos, quizás nos sorprenda la historia.

Primeramente hay que aclarar que aunque los primeros cristianos eran en su mayoría judíos y se caracterizaban por tener unas creencias bastante diferentes y novedosas, las cuales eran motivo de persecución y muerte. Este grupo de cristianos a partir de la Misión Salvífica de Cristo fue formando la Iglesia Cristiana que hoy conocemos. Es decir, la Iglesia Católica existía antes de la conformación de la Biblia como la conocemos hoy. Esto es muy importante entenderlo. Las primeras comunidades creían y vivían la presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía, veían la Misa como el sacrificio Nuevo y Eterno para el perdón de los pecados, respetaban los sacramentos y seguían las instrucciones de los Apóstoles, además leían y se instruían con sus Libros Sagrados Tanaj, Tárgum y la Septuaginta, como bien lo decía San Pablo en Cor. 2, 3:16 “Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir  y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien”. Por estas razones se le ha denominado a esta fe primitiva la Tradición Apostólica. Entonces tenemos que en los primeros siglos de cristiandad los conflictos doctrinales se resolvían por medio del conocimiento y autoridad de la Tradición Apostólica.

Después de la destrucción del Templo Judío en el año 70 d.c, muchos judíos y no judíos se convertían al cristianismo y  la Iglesia Cristiana iba creciendo con los años a pesar de la persecución. Para el año 90 d.c, los judíos se reunieron en un Concilio en la ciudad de Jamnia, el centro intelectual y religioso del judaísmo rabínico (fariseos), para enfrentar el avance de los cristianos, en ese mismo Concilio que cabe aclarar era un Concilio netamente judío y porque no decirlo anticristiano, se estableció la desafortunada jaculatoria Birkat haMinim, la cual maldecía a los cristianos y sectarios. Esta plegaria debía decirse durante todos los sabats, y obligó a los cristianos de origen judío a separarse de los demás judíos en las sinagogas. Antes de esto, aquellos judíos que aceptaban a Jesucristo todavía se sentían cómodos yendo a la sinagoga, donde ellos intentaban convertir a otros hablándoles de Él, como el largamente esperado Mesías.

Otra de sus estrategias para limitar el avance de la fe cristiana fue eliminar de la Biblia los libros adicionales que tenía la Biblia de los Setenta (Septuaginta) y reconocer como válidos solo los libros de la Tanaj (Escritos antes del año 300 a.c), ya que los textos adicionales de la Septuaginta hablan muy claramente de cosas como el cielo y el infierno. Éstos contienen profecías que innegablemente refieren a Jesucristo, como en Sabiduría 2, 12-22donde dice que el Justo debía sufrir una muerte afrentosa. En resumen, los libros deuterocanónicos sonaban mucho a cristianismo y eso obviamente no era conveniente para el judaísmo. Otros ejemplos los tenemos en los Libros de Macabeos y Tobías, donde se habla de las doctrinas de la oración por los difuntos, la intercesión de los santos que ya han muerto y la intercesión mediadora de los Ángeles, celebración de fiestas sagradas, limosna y caridad,  entre otras.


Ahora bien, la primera reunión oficial de las autoridades cristianas, es decir, de Tradición Apostólica, fue el El Concilio de Jerusalén, la primera reunión normativa del cristianismo (la iglesia cristiana primitiva) hacia el año 50, según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Realmente no fue un Concilio como tal pero nos da una idea de la línea que seguiría el cristianismo ya fuera de las tradiciones judías y que marcó definitivamente la desvinculación del cristianismo del judaísmo confirmando para siempre el ingreso de los gentiles (no-judíos) en la cristiandad. Sin embargo no se trata todavía de establecer un Canon de Escrituras completo, ya que obviamente no existen.

El canon de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por la Iglesia católica, bajo el pontificado de san Dámaso I, en el Concilio de Roma del año 382, y esta versión es la que San Jerónimo tradujo al latín (Vulgata). Dicho canon consta de 73 libros: 46 constitutivos del llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos (Tobit, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc) y 27 del Nuevo Testamento. Fue confirmado en el Concilio de Hipona en el año 393, y ratificado en los Concilios III de Cartago, en el año 397, y IV de Cartago, en el año 419.

Este Canon fue el utilizado por todos los cristianos hasta que reformadores protestantes liderados por Martin Lutero lo impugnaron en 1521 aduciendo que preferían el Canon de Jamnia de los Judíos, pero si aceptaban el Nuevo Testamento completo decretado por la Iglesia Católica. La primera traducción al español de la Biblia de los protestantes en sus dos primeras ediciones, la de Casiodoro de Reina (1569), llamada la Biblia del Oso, y la de Cipriano de Valera (1602), llamada la Biblia del Cántaro, contenían todos los libros incluidos en la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, que es el texto oficial de la Biblia para la iglesia católica romana. Es decir, que incluía los libros deuterocanónicos católicos. Lo cual corrigieron en una versión posterior dejando dichos libros como un apéndice denominado de “lectura edificante”

Sin embargo ya desde el año 1442, 72 años antes de la reforma protestante en el Concilio de Florencia la Iglesia se planteaba reafirmar el canon católico, entonces el canon católico fue nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.

Esperamos que todos estos detalles históricos de la conformación de la Biblia que hoy conocemos nos ayude a profundizar en la verdad que los hechos nos presentan y la importancia de no eliminar libros de la Biblia por interpretaciones personales y respetar el canon original, los cuales vienen a ser los seleccionados por la Iglesia Católica bajo el pontificado de Dámaso I.


Estamos celebrando el mes de la Biblia y no es casualidad que este 30 de Septiembre celebremos también la fiesta de San Jerónimo, autor de la primera traducción al latín de la Biblia completa (Vulgata). Debemos sentirnos muy contentos y afortunados de tener toda la Sagrada Escritura para reflexionar y comprender la historia de la Salvación del Hombre. En ella hay muchos personajes santos y pecadores, y todos han jugado un papel importante en esa historia. Pero no olvidemos que como dice San Juan en 21:25 “Otras muchas cosas hizo Jesús. Si se escribieran una a una, me parece que en el mundo entero no cabrían los libros que podrían escribirse”

Esperamos que esta celebración nos ayude a entender que las Sagradas Escrituras son el legado de los primeros cristianos para ayudar a orientar nuestras vidas conforme a la voluntad de Dios en nuestras vidas, para hacerla vida en nuestras vidas y en la de nuestros hermanos.

 

"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Papa Emérito Benedicto XVI


"Deja que Jesús escriba tu historia. Déjate sorprender por Jesús." Papa Francisco

 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. Amén